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Espiritualidad

EL TEMPLO

DIOS EN INTERNET

Domingo 15 de marzo de 2009

 

EL TEMPLO

Si, al entrar en la iglesia se nos preguntara dónde está el templo, seguramente, extrañados por la pregunta, diríamos: « ¡Aquí!»; y, extendiendo los brazos, señalaríamos el esplendor del edificio, sus bóvedas y columnas, sus retablos y vidrieras, y, quizá, la lámpara que parpadea junto al sagrario, como una pequeño fuego (o zarza) de fe que llamea, o que llama, tanto da. ¡Todo esto, diríamos, es el templo! Sin embargo, desde el día en que Jesús, el Señor, señalándose a sí mismo, dijo: «Destruid este templo, y en tres días lo levantaré de nuevo» (Jn 2,19), ya no hay recinto acotado para Dios, sino cuerpo resucitado del Señor en el que habita Dios. «El templo al que Jesús se refería era su propio cuerpo» (Jn 2, 21).

Ya no es piedra y argamasa el templo, sino cuerpo resucitado de Jesús, aunque con las señales de los clavos y la lanza.  Resucitó el Señor y le quedaron en manos y costado los escarnios de la cruz. Y ascendió al cielo y ascendieron con él (“incarnatus”, el que se hizo carne) los agujeros en las manos y el desgarro de la lanzada en el costado. En el cielo, en la Trinidad de Dios, pues, hay señales de sufrimiento humano, porque el Señor ascendió al cielo con la carne rota, sin cicatrizar aún, y allí sigue.

 Dios vive en el Señor, que es su templo, pero también en sus piedras vivas, nosotros, que hacemos visible en este mundo lo invisible de Dios; y se nos reconoce piedras por el amor. Sin amor, que es cruz a veces, no hay piedra viva en este Cuerpo santo y testigo. Santo por el Señor, que lo es, y testigo por sus mártires. Cuerpo místico en todo caso, o espiritual: el aliento del Espíritu, al tiempo que nos une a la Cabeza como sus miembros, nos da vida, en el amor, que es la vida de Dios.

Caminamos hacia la Pascua; pero, antes que resurrección, la Pascua es muerte, salivazos, humillación, indignidad, mofa, una cruz a las afueras de Jerusalén desairada e ignominiosa. Veamos el templo, que es Cristo, en la cruz; es este un templo dolorido, con desgarros en el cuerpo y en el alma, en el Cristo que pende Dios y humanidad de la cruz. No habría habido cruz sin humanidad dolorida.

Por esta razón, localícese a Jesús (y al templo que él es) en la humanidad, y, más, en la que sufre. «Porque en él reside toda la Plenitud de la Divinidad corporalmente». En el Señor Jesús se unen los dos mundos: el mundo divino y el mundo creado, del que él se posesionó encarnándose y resucitando.

En este tiempo de Cuaresma, pues, acerquémonos al Templo, al Señor, curando heridas y besando con Jesús las lepras de este nuestro mundo enfermo para que sanen. No vale lamentarse sólo; vayamos al Templo, a la humanidad que arrastra tantas cruces, y hallaremos en ella a Cristo, el Señor, que sufre, pero que escucha nuestro rezo y saliva a los ciegos y toca a los leprosos, curándolos (12:11:33).

1 Comentarios



Autor:Juanin
Fecha: 15 Mar 2009 07:54 pm
Comentario: Es hermoso saberse algo tan importante como piedra de este templo que es Cristo, con la iglesia. Esta mañana he asistido a un bautizo y he pensado en esto. Me gusta leer estas cosas.



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