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Mi Diario

EL ÁNGEL HÍBRIDO

16 de noviembre de 2017. Jueves.
EL ÁNGEL HÍBRIDO

Mercado, camino de Drubovnik, Croacia. F: FotVi

-En Murcia, los jueves, hay mercado. No me gusta ir al mercado, porque -despistado yo- me voy tropezando con todos los carritos de la compra que empujan las señoras. Es como ir eludiendo balas, que diría Borges. Las miradas poco amigas de las señoras con las que topo me dan miedo, son como aquellos pájaros de Hitchcock antes del ataque a la escuela. Sé que la culpa es mía, pero también sé que no hay por qué ponerse así. Compro un modesto monedero, y salgo con disimulo y despacito del atasco. Si corro se me puede notar que huyo, y es razón por la que salgo calmoso y con paso de abuelito rendido. Un pobre me pide diez céntimos, y le doy cincuenta. Mi ángel de la guarda, que es un ángel híbrido -ni ángel del todo ni demonio del todo-, me dice: «No te pases»; lo pienso, me doy la vuelta, alcanzo al pobre y le doy un euro. El ángel calla, no sin sonreír. El tabaco -dicen- es malo, pero a la entrada de urgencias del Hospital Reina Sofía, hay una veintena de enfermeras con el cigarrillo del descanso entre los dedos; el tufo del humo me da en las narices, y toso. No les importa; sólo me atenderán solícitas cuando me traten en una habitación, atemorizada y blanca, del hospital. No es crítica; es tan solo decir lo que me espanta en la calle, en mi entorno. No hay consideración de los unos con los otros. Los que no sabemos, pedimos auxilio, sin voces, con solo la mirada. Pero no nos escuchan. Las miradas no hablan. O, sí: solo hay que mirarlas. Y prometo, Diario, ser la próxima vez más cuidadoso y no tropezar con el carrito de la compra de esa señora que, dulce, me ha mirado, sin embargo, con ojos de modesto relámpago, o descarga eléctrica, sin herirme (18:58:55).

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